11 de abril de 2007

LO FRIO Y LO CALIENTE - La risa y el escalofrío


Teatro
“Lo frío y lo caliente” de Pacho O'Donnell. Con Claudio Pazos y Francisco Pesqueira.
Vestuario: Mercedes Uria, música original: Gabriel Goldman, prensa: Daniel Franco y Paula Simkin.
Dirección: Carlo Argento
Temporada 2007. Teatro La Comedia.
MUY BUENO

Pocas veces un espectáculo teatral logra que la risa del espectador cabalgue sobre el escalofrío. Es cuando las criaturas que se corporizan en escena adquieren tal dimensión que resulta difícil distinguir entre la farsa que provoca el impacto del esperpento visual, y la profunda reflexión que obliga a pensar un comportamiento patético, pero absolutamente familiar.

Porque Norma, una madre sobreprotectora, escudada en mohines, gesticulaciones, frases trilladas, un tono edulcorado y dudoso afecto, al que se suma extorsiones emocionales de grueso calibre, logra atenazar a su hija prostituta, Nelly, en un ritual macabro que pretende prolongar una infancia de cuya inocencia quedan apenas vestigios en la voz falsamente aniñada. Pero a pesar del riguroso mecanismo que sostiene ese cruel pacto, la realidad se obstina en colar, con igual crudeza, los íntimos flagelos que anidan en ambas: el temor al paso del tiempo y el futuro, la soledad, el que dirán, los seres ausentes, el amor, y también, por momentos, un sincero vínculo filial, aunque tristemente enfermizo.

Una vez más, el fabuloso grupo “Carne de crítica”, avala el merecido éxito de público y crítica de todas sus creaciones, y tiñen de humor, inteligencia e infinitos recursos escénicos y actorales a este último espectáculo. Con el doble merito que esta vez recurren a un material que no les es propio, y le otorgan una vigencia y creatividad sin parangón.

Si bien, con suma lucidez, O’Donell supo articular una anédocta donde es fácil encontrar a cualquier madre e hija, no ya argentinas, sino del mundo; en esta nueva versión de sus muchas veces transitado texto, cuenta con dos actores y un director, colosales.


Los admirables Claudio Pazos y Francisco Pesqueira se entregan a una labor tan meticulosa como titánica, que uno se siente testigo de dos animales que se desangran en escena. Cuentan a su favor, con la atenta mirada e inagotable imaginación de Carlo Argento (él mismo un gran actor), que sostiene el ritmo de cada escena a puro talento, en un derroche de efectiva comicidad.

Simplemente como una expresión personal de quien suscribe, seria deseable ver a este terceto maravilloso abordando un material dramático. Puede que desconcierte a sus seguidores, pero no hay dudas que seria otro triunfo artístico.