11 de febrero de 2007

Alejandra Rubio

En primera persona:

Llegue a Buenos Aires por primera vez, en el mes de septiembre, con sueños de ser actriz, sin un peso en el bolsillo, 20 años, miedo a que la escalera mecánica me comiera el pie, un bolso en una mano y en la otra, una revista con la foto de la gran actriz y maestra de actores Alejandra Boero. Correspondía a un artículo cuyo titulo era “Recomendaciones para los jóvenes que quieren ser actores”.

Lo leí en el viaje, sin exagerar, mil veces, por eso desde Retiro me dirigí, sin pausas, a la dirección de su escuela. Aferrada a mi bolso y la revista, golpee la puerta, pregunté por ella, y la secretaria, tras observarme y unas pocas preguntas, me contesto que estaba en el Teatro Nacional Cervantes, dirigiendo un ensayo, pero de todos modos, me advertía que no podría entrar a estudiar hasta el año próximo, recién en marzo, cuando se iniciara un nuevo ciclo lectivo.

Sentí que el mundo se derrumbaba, ¿como iba a volver a Santa Fe, mi provincia natal, después de haberme animado a dar el gigantesco paso de venir hasta la capital de Argentina?. Decidí ir a buscarla, pedí permiso para dejar mi bolso allí y fui al Cervantes. Por supuesto, no me dejaron ni siquiera pasar.

Durante tres horas, esperé sentada en un escalón de la puerta de entrada. Como el ensayo parecía no terminar jamás, y estaba agotada, tomé coraje e ingenio para entrar por la parte de atrás del teatro. De pronto, una vez adentro, tras deambular sin rumbo, me encontré en un lugar totalmente oscuro, abrí una puerta....y me vi en el escenario donde estaban los actores Maria Fiorentino y Rubén Stella, desplegando su talento, ante un grupo de personas sumidas en la penumbra. Cuando intentaba distinguirla entre esa gente, un actor se acerco para sacarme del lugar, lo más rápido posible. “¡Tengo que hablar con Alejandra Boero!”, suplique en voz alta. Inmediatamente, escuche su inconfundible taconear de zapatos, y apareció con mirada enojada, “¿qué pasa?”, pregunto acercándose. Delante de todos, a borbotones, le conté de mi viaje, la valija en la escuela, le mostré su foto en la revista, le dije que debía empezar a estudiar, a pesar que fuera septiembre, etc, etc, etc.

Primero me calmo, luego amablemente me llevo fuera de la sala, y me pregunto si tenía experiencia, conteste que no, ninguna; pero mi corazón latía fuerte y me decía que este era mi lugar. Me miro profundamente, de una forma que jamás olvidare, me dio una palmada en el hombro y solamente dijo “está bien”. Irradiando felicidad, volví a la escuela, y sin siquiera un descanso, me introduje en la clase del curso de primer año, a trabajar.

Después de ese día, viví cosas muy intensas en mi vida actoral. Pero esta fue la marca, el comienzo, una esperanza, un deseo fuerte, profundo, un amor, en suma, la definición de mi vocación. También pasé hambre, frió, soledad, angustia, miedo, cansancio; pero seguí adelante.


Alejandra Boero fue mi primer sostén, confió y me ayudó a comenzar el camino. Luego siguió el maestro Raúl Serrano, que es como mi segundo padre, en todo el sentido de la palabra, con quien hice obras de Pinter y Chejov, y por estos días ensayo un O’Neill.

Me faltan muchos sueños por cumplir, sin ir mas lejos, aún no pisé el escenario del Teatro Cervantes como actriz, pero nunca pierdo la capacidad de soñar y pienso... siempre pienso, que cuando uno quiere algo, hay que luchar hasta las últimas consecuencias para lograrlo. Que nunca desaparezcan los sueños. Solo hay que seguir luchando para conseguirlos. ¿No es maravillosa la vida?

Alejandra Rubio
Actriz, guionista, directora teatral y maestra de actuación
E-mail: alerubio@fibertel.com.ar